La Covid-19 ha trastornado la educación

Artículo publicado en El economista el 4 de Junio de 2020.

https://www.eleconomista.es/ecoaula/noticias/10586157/06/20/La-Covid19-ha-trastornado-la-educacion.htm

La crisis sanitaria mundial que ha provocado el Covid-19, y sus derivadas en la economía y en la sociedad, también ha dejado a millones de niños y niñas fuera de la escuela, pero paradójicamente puede repercutir positivamente en el futuro de la educación. En efecto, un virus invisible a los ojos humanos puede ser el factor que ayude a que la escuela cambie un modelo basado en la mera transmisión de información, obsoleto en la era del conocimiento

La nueva economía surgida de la revolución tecnológica de la información ha transformado tres grandes conceptos que hasta este momento parecían inalterables en la sociedad: el tiempo, el espacio y el conocimiento. Por un lado, la nueva economía requiere de trabajadores cualificados que gestionen su tiempo de un modo flexible, compaginándolo con la vida personal y social fuera del trabajo, y en horarios adaptables. El tiempo, pues, es un recurso más que debe de saberse gestionar.

Por otro lado, en este nuevo marco económico globalizado el espacio se gestiona mediante flujos: flujos de capital, flujos de información, flujos de interacción organizativa, flujos de imágenes, sonidos y símbolos. Por lo tanto, la sociedad se organiza mediante una nueva forma del espacio basado en redes de flujos.

Finalmente, el conocimiento, y no la información, es el valor máximo de la nueva economía. Entiendo el conocimiento como el proceso por el cual cada individuo escoge unos medios con la finalidad de conseguir un objetivo. Por lo tanto, lo importante es como mejorar la capacidad de crear el propio conocimiento que permita a cada persona, libremente, crear su futuro. Esto es lo que podemos llamar conocimiento reflexionado, es decir, aquello que permite responder el cómo y el por qué y no sólo el qué. Este hecho es clave, pues la nueva economía moderna se basa en un proceso continuo de adaptación del conocimiento gracias a elementos tecnológicos de procesamiento y análisis. Por ello, el conocimiento reflexionado es hoy el epicentro social y económico.

El razonamiento intrínseco del conocimiento reflexionado provoca que el individuo tenga la capacidad de saber cómo entrelazar la información necesaria para crear información concreta o generalizada. Responder el qué es un acto memorístico, mientras que responder el cómo y el por qué deviene un acto reflexivo e intelectual (el verbo reflexionar significa poder formular preguntas correctamente), relacionado con la creación de un nuevo saber y con la inteligencia de la persona. Además, esta respuesta permite a la persona prever hechos e imaginar nuevos futuros basándose en la creación desde su propia experiencia. En otras palabras, si uno es capaz de preguntarse el porqué de las cosas, de filosofar, no solo se hará más sabio sino también más autónomo e íntegro. La clave, pues, es superar las limitaciones del propio saber.

Hemos visto durante muchos años como esta demanda social lamentablemente no ha penetrado con la suficiente contundencia en el sector educativo, el cual sigue viendo a la transmisión de información y a la evaluación mediante exámenes como principales herramientas educativas. La nueva realidad educativa surgida como consecuencia del Covid-19 ha puesto de manifiesto, por si no estaba ya suficientemente claro, que la educación basada en las preguntas de información está obsoleta, y que lo importante es razonar la información y construir el conocimiento, y no simplemente repetir información. La rapidez de los cambios, además, nos muestran como la cualificación ya no es suficiente, pues los cambios tecnológicos van superando constantemente la definición de conocimiento apropiado.

Las escuelas que durante el confinamiento han trasladado sus programas educativos a las aulas virtuales han experimentado de forma fehaciente las consecuencias de las nuevas definiciones de tiempo, espacio y conocimiento. Aquellos centros educativos que su proyecto pedagógico se basa en potenciar al máximo las capacidades de sus alumnos tanto individualmente como cooperativamente, y que por lo tanto su equipo docente dispone de una caja de herramientas pedagógicas amplia (desde las clases presenciales al aprendizaje por proyectos, pasando por los exámenes, pero también por la generación de competencias transversales), y que saben utilizar en cada momento y para cada caso particular la herramienta necesaria, han visto como el cambio, a pesar de sus dificultades, ha sido posible.

El hecho de saber trabajar en equipo, administrar sus tareas, realizar sus propias investigaciones, gestionar su tiempo, etc., han sido elementos que han ayudado a este cambio. Los resultados con las nuevas herramientas y marcos de apoyo virtual están siendo muy positivos hasta el punto de poder afirmar que los alumnos han adquirido determinadas competencias mejor que de forma presencial, los alumnos se han provisto de autonomía y han mejorado en autorregulación, concentración y en la gestión de distracciones, han aplicado capacidad de síntesis y han interiorizado la gestión de equipo convirtiendo las presentaciones virtuales en su nuevo hábitat, entre otros hechos relevantes.

Ejercer la educación a distancia conlleva una adecuación de los contenidos y una nueva manera de hacer, ya que la reproducción exacta de una clase física no va a funcionar y, lo que es peor, no va a aportar valor al alumno. Se deben seleccionar cuidadosamente los objetivos del aprendizaje que se quiere alcanzar para unas sesiones virtuales de calidad, haciendo partícipes a los alumnos en todo momento y reconceptualizando así el currículum. Eso sí, la situación actual ha puesto de manifiesto que la escuela presencial se debe de centrar, sobre todo, en transmitir y educar aquellas competencias que los alumnos no puedan por sí solos adquirir de forma online.

En síntesis, la forma en que utilizamos el conocimiento y la información es la clave del futuro colectivo. Por eso, lo importante es el método como cada persona, de forma individual, extrae su propio conocimiento, lo que nosotros definimos como conocimiento reflexionado. Las escuelas deben, pues, cambiar urgentemente su modelo y convertirse en espacios de convivencia que permitan desarrollar a cada niño y niña su propio futuro, su propio conocimiento reflexionado. El Covid-19 ha puesto todavía más de manifiesto toda esta problemática.

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